Generalmente, ya desde que nacemos, los seres humanos, venimos llorando. Los niños, en su primeros años, en ese afán natural de aprender, se lanzan a todo. Diríamos que no conocen "los peligros". Eso, no conocen. Somos los adultos, quienes les vamos transmitiendo nuestros temores, nuestro modo de ver las cosas, nuestros pensamientos, ideas, creencias... Les inculcamos un mundo desde nuestro mundo. Así, generación tras generación. Y una vez alcanzada la adolescencia, juventud o ya adultos, creemos que somos lo opuesto de aquello que nos inculcaron de pequeños, sin embargo, algo queda de la tierna infancia. Y ojo, no quiero decir que eso sea malo. Ni bueno. Es evidente de que lo que se trata de transmitir, de generación en generación, es siempre lo mejor, se acierte o no.Pero en este proceso personal, hay un factor, que tarde o temprano, sale a relucir: el miedo. Miedo a fracasar, miedo a cambiar y salir de mi zona de confort, miedo a ser más feliz y conformarme con lo que ya soy o ya tengo a mi alrededor. Miedo que se nos mete como el humo. Sin darnos cuenta. Nos hemos acomodado en la rutina. Nos hemos vuelto conformistas. Nos hemos arrutinado en la vida familiar, en el trabajo, en las relaciones interpersonales. Poco a poco la lucha y el esfuerzo por nuevos ideales y metas desaparecen en la vida.
Por ello, cuando llega la hora de vencer cualquier miedo en la vida se escuchas a tanta gente decir: "¡no sé que me pasa!", "¡ya no puedo más!", "¡siempre lo mismo!", "¡yo no puedo!", "¡esto no es para mí!" u otras expresiones semejantes.
Estemos donde estemos a estas altura de la vida o nos encontremos como nos encontremos, creo que es momento de preguntarse en primer lugar: ¿Qué quiero hacer yo con mi vida? ¿qué me falta para ser más feliz? (Ojo, para ser, no ¿qué me falta tener? El ser humano es lo que es, no lo que tiene, aunque hoy veamos en muchos medios lo contrario).
Después, tras reflexionarlo y habiendo tomado conciencia: DAR EL PASO. Es aquí donde sé que no es fácil, ya que te hablo desde mi propia experiencia. Aquello que viste claro, tienes que llevarlo a la acción. Quizás necesites la ayuda de alguien (coach, orientador, psicólogo, amigo, pareja....).Haz la prueba con pequeñas cosas de cada día. Vence esos miedos que te presentan la vida de cada día. La misma vida es una escuela para vencer miedos. Y cuando quieras realizar grandes cambios, no habrá miedos que te susurren, porque los habrás vencido por el camino.