Esencia del coaching

"El coaching consiste en liberar el potencial de las personas, para que puedan llevar su rendimiento al máximo. Consiste en ayudarlas a aprender en lugar de enseñarles" (Tim Gallwey).

27 de septiembre de 2015

Felicidad

¿Qué es? ¿Dónde se encuentra? ¿Porqué es tan importante para el ser humano? Hace años, cuando estaba en Chile, una amiga me decía, según ella, que "la felicidad no existía como tal, que sólo se recuerdan y viven los momentos que somos felices". Por otra parte, hace un par de días, escuchaba a un locutor de radio decir que "la felicidad no está dentro de uno, sino en tener y tener cosas. Eso nos hace felices".

Es evidente que todos queremos ser felices. Está en nuestra naturaleza humana. Desde todos los tiempos hasta nuestros días, la mayoría de los pensadores han intentando dar respuesta de qué es la felicidad. Lo podríamos resumir así, que la felicidad es: la entrega a los placeres, el ideal del hombre prudente y virtuoso, o el cumplimiento de la naturaleza en alcanzar su perfección. Claro, que esto dicho así, a más de uno le puede sonar raro o interpretar de cualquier manera.

No voy a tocar ahora más ese punto, pues no es mi fin reflexionar eternamente sobre algo que se ha dicho y se seguirá diciendo mucho. Pero, ¿por qué es importante? Salta a la vista: ¿quién no quiere ser feliz? Entonces se nos abre el último interrogante: ¿dónde se encuentra?

Cuando recibimos una mala noticia, o nos sucede algo inesperado: una pésima calificación, un despido inesperado, una enfermedad incurable, la muerte de un amigo... son situaciones concretas en las que nadie o casi nadie, dice en ese momento estar feliz.

Sin embargo el arte, la pintura o la música, la ciencia o la religión... hombres y mujeres de todas las generaciones buscamos y buscamos la felicidad. ¿Cómo? ¿Dónde? Es aquí la donde está lo más difícil. Me atrevería a decir que existen tres niveles. Y dependiendo de ellos, nuestra felicidad será mayor o menor, más o menos perdurable.

El primero es el comportamiento como resultado de mi actuar. El segundo nivel que construimos es el sentimiento o la emoción, generado por mi comportamiento. El tercer nivel son mis creencias. Dicho de otra forma, la creencia provoca en mi vida un sentimiento, ese sentimiento me lleva a comportarme de una forma determinada y el comportamiento deriva en mí un resultado.

En este caso por creencia entiendo "certeza que tenemos de una cosa". Por emoción: "alteración del ánimo intensa y pasajera, que va acompañada de cierta conmoción somática". Y por comportamiento: "el actuar".

Así, que cuánto más firmes tenga mis creencias, en el resultado final de mis acciones, se verá reflejado lo feliz que soy. Por ello creo que ser feliz no depende de un momento, sino de todos los momentos vividos según tú creas en ti mismo. Y no sólo dependiendo de lo que te sucede externamente, sino sobre todo dentro de la fuerza, de la energía que hay en tu interior. Y para ti, ¿qué es la felicidad?


20 de septiembre de 2015

Escuchar

Queremos ser escuchados, pero ¡cuánto cuesta escuchar! Como profesor de jóvenes de secundaria y bachillerato, aprendo muchas veces más, al escuchar a mis alumnos sus respuestas, sus pensamientos, sus argumentos, que de la exposición de mis propias clases. ¡Ojalá no pierda nunca esta actitud de escucha! Pero creo que vivimos en una sociedad un poco sorda. Ruido, no nos falta, y además a casi todas horas. Porque escuchar el silencio, no digamos, vivir algún rato de silencio, frecuentemente nos da miedo. El silencio lleva a encontrarse consigo mismo. Encontrarte contigo mismo te hace más feliz.


¡Qué difícil es escuchar! Y mucho más vivir una escucha activa, empática. Para escuchar necesitamos poner toda la atención en el otro. No sólo a sus palabras, sino a todo su ser: mirada, respiración, gestos... la expresión del cuerpo nos manifiesta el 70 por ciento de la comunicación, según los expertos.

Cuando realmente escuchamos obtenemos la información que deseamos obtener sin tanta interferencia de por medio. Nos despierta el interés, pues siempre hay algo nuevo. Ejercitamos la atención, ponemos toda nuestra energía en un solo foco. Adquirimos conciencia de lo que el otro nos dice, no sólo oímos, sino que intentamos hacerlo nuestro y nos ponemos en el lugar del otro. Facilitamos incluso un enfoque, manteniendo la concentración en un tema. Al escuchar, tenemos la oportunidad de intercambiar diversos puntos de vista, pues el equilibrio y la moderación nos posibilitan maneras nuevas de pensar y de expresar. Por último descubrimos maneras nuevas de llevar adelante la vida, pues somos consciente de que existimos como seres humanos rodeado de otros seres humanos, formando todos juntos una sociedad.

Ya en el día a día, tú me contarás. Oportunidades: a montones. En casa: con la pareja, con los hijos, con los padres; en el trabajo: con los compañeros, con los jefes, con los que tengo a mi cargo; en la vida de cada día: con aquella persona que tiene necesidad de ser escuchada. Hay que dejar esas constantes interferencias que todos tenemos a nuestro alrededor: La primera, la actitud. No vivir sólo para uno mismo. La segunda, la cantidad de necesidades que nos hemos creado sin necesidad: móviles, mensajes, música, ruido, etc.

Nuestra naturaleza humana está configurada por dos oídos y una boca. Escucha el doble de lo que hablas y quizás tu felicidad también se multiplicará.

13 de septiembre de 2015

Vive la vida

Guerra, hambre, terrorismo, inmigración, corrupción, injusticias... quizás todo eso nos queda aún muy lejos. Nos acercamos un poco más: paro, desesperación, incomprensión, soledad, falta de amor... y una nube negra donde, a cada uno, le abruma su propia tormenta. Parece que vivimos en un mundo atroz y pavoroso: economía, política, sociedad. Lo mires por donde lo mires, "no hay solución". Los medios de comunicación, en su mayoría, nos asfixian con energía negativa.

¿Cuántos proyectos en tu vida se han visto truncados por causa del "miedo" que te rodea? ¿Y cuántos se han visto sin realizar por tus propios "miedos"? Si días atrás hablaba de "resetear", de "volver a comenzar", hoy quiero compartir contigo, querido lector, algo que tampoco es nada nuevo y puede ayudarte a vencer tus miedos. Se llama: VIVE LA VIDA.

O mejor dicho, lánzate a vivir el presente, el momento que tienes ahora. Disfruta, ama, valora lo que tienes, porque en algún momento de la vida será simple recuerdo. El pasado ya pasó. Trae de él todo lo bueno y deja lo malo atrás. El futuro no ha llegado aún. Y ni siquiera sabes cuanto de ese futuro disfrutarás. Por ello vive el presente con intensidad, es lo único que tienes en tu manos.

Disfruta el nuevo amanecer, el cantar de los pájaros, la taza de café que te tomas en el desayuno sin pensar en otras cosas, la ida al trabajo o al estudio, tu tiempo de descanso, tus mismas responsabilidades y deberes... cada momento, cada instante de tu vida como único e irrepetible, con una actitud positiva, donde serás capaz de dar la vuelta a la tortilla cuando se cruce algo negativo por tu vida.

Disfruta lo que haces, lo que tienes, lo que eres. Sintoniza con todas las maravillas del mundo que te rodea: el cielo, el mar, la montaña. La selva de asfalto construida en grandes ciudades. Observa, siente, vive todo lo positivo que sucede a tu alrededor: ese joven que cede su asiento al anciano, la chica que ayuda al ciego a cruzar, el vecino que ofrece su hogar al refugiado, la madre y el padre que se desviven por dar lo mejor a sus hijos, el profesional que se afana por realizar con perfección su trabajo, los jóvenes que ponen sus energías y fuerzas en ayudar a los demás... y un sinfín de actitudes, que si nosotros nos lanzamos a vivir con pasión nuestro presente, disfrutaremos y contagiaremos a los demás de nuestra felicidad. 

No es vivir fuera de la realidad que te rodea ni crear una nueva utopía. Se escucha más el caer de un árbol que el aflorar de un gran bosque. Lánzate a vencer tus miedos. Lánzate a vivir la vida que tienes aquí y ahora. ¡Vive la vida!

6 de septiembre de 2015

"Reset"

Me lanzo al mar de este mundo bloguero con un par de experiencias que quiero compartir con vosotros.

La primera tiene que ver con el móvil. No sé si te ha pasado alguna vez que tu teléfono ya no funciona: se enciende y apaga continuamente, a la cabeza te viene que ya tienes que cambiarlo y comprar otro, cuando apenas llevas un par de años con él, consultas a tus amigos más expertos que tú... hasta que al final haces una copia de seguridad y sólo tienes que "restablecer valores de fábrica".

La otra con el router. Después de unos días apagados, por estar fuera de casa, llegas a casa, quieres meterte en internet y de repente no funciona. La velocidad es lenta, lenta, lenta... Llamas a la compañía. Los minutos que pasas sin internet parecen horas. El problema persiste. ¡No hay internet! Hasta que por fin, a última hora de la tarde, aparece el técnico. ¿Qué hace? Resetea el router. Y todo vuelve a la normalidad. Así de sencillo. Claro, pero ¡qué tontería! ¡sólo había que reiniciar el aparato!

Con estos hechos he visto, como en mi propia vida, que de vez en cuando hay que volver a iniciar. Lo he experimentado personalmente. Ya os contaré más, poco a poco. Queremos funcionar a tope, ser felices las 24 horas del día. Y a veces, sólo tenemos que volver a empezar, "resetearnos", en algún o algunos aspectos de nuestra vida, sin ser conscientes de que lo buscamos es: SER FELICES.

Un abrazo y continuaremos nuestro bregar en este mar infinito en el que nos movemos.