"Y tú, ¿qué dices de la muerte?" Así me preguntó uno de mis alumnos, ante la fiestas y celebraciones de estos días.Ante todo, sé que es lo único seguro que tendré en la vida. Lo quiera o no. Es evidente que no conozco cuando llegará. Por ello, intento vivir cada día como si fuese el último de mi vida.
Me siento afortunado que una de mis creencias potenciadoras es esta: que con la muerte no se me acaba todo, sino que comenzará algo mucho más grande de todo aquello que yo, en este instante, me pueda imaginar. Esto es lo que me hace vivir libremente. Gozar cada momento. Compartir las alegrías con mis seres queridos, amigos y personas que se cruzan en mi camino.
¿Alguna experiencia? Al pie de la letra, no. Si no, no estaría escribiendo estas líneas ni tú leyendo. Lo más parecido fue cuando me robaron un ordenador portátil hace ya años. Sucedió en Argentina, en la ciudad de Salta. Fui a cenar con unos amigos. Dejé mi ordenador en el coche, ingenuo de mí, pues hasta entonces nunca había pasado nada. Al regresar vi el maletero forzado. Había desaparecido la mochila del ordenador. En él tenía todos mis archivos académicos, fotografías, apuntes... e incluso coincidió que llevaba casualmente la mismísima copia de seguridad. Las nubes y otros sistemas de guardar aún no se había inventado... Ese día no dormí. Creía que me moría. Había perdido todo. Años y años de trabajo. TODO, perdí TODO. Una sensación de muerte. Pero afortunadamente, seguía con vida, y por ello, muchas cosas llegan por otro camino.
Eso, la muerte te despoja de TODO. Seas pobre o rico, feo o guapo. Listo o tonto. No perdona a nadie. A nadie. No sé, estos días que veo a la gente disfrazarse de la muerte, ¿no será acaso un modo de reírse de aquello por lo que pasarán un día y de negar el miedo que tenemos ante este evento seguro?
Desde hace unos años me encuentro, por diversas circunstancias, en una segunda parte en mi vida. Como si hubiese comenzado de nuevo a vivir. De la primera parte de mi vida, sólo me he quedado con todo lo bueno acaecido. Desde entonces busco más ser yo mismo, sin que nada ni nadie me diga lo que tengo que hacer o decir.
Y como de la muerte nadie se ha librado. Tampoco yo seré la excepción. Pensar en la pérdida de algún ser querido, me duele. Se me saltan las lágrimas sólo el considerarlo. ¿Y cómo me gustaría morir? Rodeado de aquellos que más me quieren. Cerrar los ojos y abrirlos en otro lugar. Morir simplemente: disfrutando de la vida, amando y sintiéndome amado.Y tú, ¿qué dices de la muerte?